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16/Nov/2011

El festival de la imagen que se está llevando a cabo en el PCV ha sido organizado sobre un principio editorial que permite prever cual será el desarrollo de la escena fotográfica chilena desde Valparaíso. Este principio permite que el propio festival, como agrupación, se convierta en una editorial. De hecho, partieron con dos libros: uno, de Valbuena, el fotógrafo español; dos, el de Sergio Larraín. Hubo un tercero: un ensayo fotográfico de Valbuena, en formato vertical. No son revistas de fotografía o de crítica de la fotografía, sino libros en sentido estricto, que reconocen el impreso como el soporte de presencia de la fotografía. En este sentido, se desmarcan de los artistas visuales que trabajan sobre soporte fotográfico, pero que convierten la exhibición en una operación de subordinación museal, con el énfasis puesto en la instalación audiovisual. En Valparaíso, a lo menos, la fotografía asume diversos formatos que la sustraen de la dependencia del espacio de artes visuales. LA garantía de su independencia es editorial: libros, suplementos, folletos, afiches murales, que le deben su puesta en relevancia a un aparato de reproducción que ha sido puesto como el motor del festival y que ha convertido al Laboratorio de Edición Fotográfica en su punto articulador. Este es un gran logro; un avance estratégico en los modos museales de presentarse de la fotografía chilena. Justamente, porque se ha des-musealizado.

El festival de la imagen que se está llevando a cabo en el PCV ha sido organizado sobre un principio editorial que permite prever cual será el desarrollo de la escena fotográfica chilena desde Valparaíso. Este principio permite que el propio festival, como agrupación, se convierta en una editorial.

El segundo momento fuerte de este festival, en el PCV, ha sido la edición del libro sobre Sergio Larraín. Esto hace estado de la capacidad de levantar un monumento visual; es decir, recuperar la pulcra monumentalidad del gesto de Sergio Larraín y de convertirla en la expresión del estado en que se encuentra la masa crítica local. Lo que importa es esto: la masa crítica. Esta existe, es autónoma, consolidada, y el PCV se complace en colaborar en su expansión. Haremos, ciertamente, el próximo festival, teniendo en cuenta estas dos cuestiones. Es decir, que solo la editorializad sostiene la discursividad sobre fotografía en nuestro país. De ahí que nuestra tarea, durante el año 2012, será la de contribuir a desarrollar una discursividad local autónoma, organizando varios encuentros de crítica.

En el PCV, hubo un momento en que coincidieron dos festivales. Junto al festival de fotografía se desarrolló un festival de arte sonoro: TSONAMI. Este fue inaugurado en la sala de nuestros amigos del DUOC, con un concierto de “improvisación dura”, que cualquiera podría haber dudado de su eficacia para abrir un festival. Sin embargo, esto demostró que existe un público específico para arte sonoro en Valparaíso. No es casual que esta haya sido la tercera versión. También aquí podemos sostener la existencia de una masa crítica, que convierte estas iniciativas en política de mediano plazo.

Lo anterior permite sostener la hipótesis de existencia de al menos tres espacios consolidados de público específico local, en danza contemporánea, en fotografía, en arte sonoro. Algunas secciones de estos públicos son comunes y transversales, pero es posible reconocer núcleos básicos que logran constituir un espacio de interlocución mínimo, que hace pensar en posibilidades de desarrollo de su consistencia formal. Esto hace posible una política de mediación del Parque para cada una de estas escenas. Esta ha sido la gran enseñanza de este mes de apertura parcial y regulada del Parque: la existencia de públicos específicos que sostienen una masa crítica de base para su reproducción ampliada. Eso es fundamental para pensar en una política de fortalecimiento de las escenas artísticas locales. Este es el compromiso del PCV: amarrar -desde las prácticas- una política que responda y contribuya al desarrollo de estas iniciativas.

4/Nov/2011

El viernes 4, Alfredo Jaar realizó la conferencia de apertura de Puerto de Ideas. Lo primero que hizo fue declarar que no conocía muy bien Valparaíso, pero que sin embargo, su aproximación a la música angolana le había permitido formular unos haiku visuales, que expresaban un sentimiento de saudade, combinación de tristeza y alegría, que era lo más próximo al sentimiento que abrigaba al llegar al puerto a dar su conferencia. Luego, una vez instalado este principio metodológico, manifestó que lo que conocía de Valparaíso se lo debía a las obras de dos grandes artistas: Aldo Francia y Sergio Larraín. Acto seguido, proyectó los tres primeros minutos de “Valparaíso, mi amor”, declarando que era una obra “absolutamente pasoliniana”, para detener la imagen en el momento en que, después de la detención de los sujetos, aparece de golpe la imagen de la bahía, como “falsa postal”. Luego, pasó a presentar las imágenes de la exposición histórica de Sergio Larraín, “Valparaíso”. Esta fue la introducción de su conferencia.

No es casual que haya mencionado en las dos primeras entregas, la sujeción del festival “Danzalborde” a la lectura que desde el Parque hacemos desde la CORPORALIDAD, y lo que “Puerto de Ideas” instala a través de la circulación de la PALABRA. Este fue, realmente, un festival de la palabra. Ahora, lo que viene es un festival de la IMAGEN.

En las afueras del teatro, el sábado 5, después de la conferencia de Carlo Ginzburg, se me acercaron Natacha Gómez, Ximena Riquelme y Loreto Aspillaga, testigos iniciales, históricos, fundamentales, de Ex Cárcel, quienes me comentaron el efecto que les había producido la introducción de Alfredo Jaar, en relación a la saudade que significaba estar en el Parque, hoy, pensando en lo que fue su propia estadía, a comienzos de la década. Una mezcla de tristeza y alegría mantenía en pie la certeza en la necesaria reconstrucción de la historia reciente, imprescindible para escribir la memoria del porvenir. Los haiku visuales de Jaar fueron los removedores simbólicos de un proceso que no ha sido suficientemente fijado.

Alfredo Jaar no estaba en conocimiento del Ensayo de encuadre que contiene mi pequeña teoría de la apertura del PCdV y no tenía por qué saber que los nombres de Aldo Francia y Sergio Larraín juegan un rol clave, como constructores de un imaginario local. De todos modos, sus dos ejemplos iniciales no hicieron más que confirmar mi hipótesis de trabajo, la que a su vez, ha sido fortalecida por la decisión que el equipo del Festival Internacional de Fotografía de Valparaíso, ha tenido respecto de la edición del libro “Valparaíso”. Esta consiste en la transcripción de los relatos recogidos de habitantes del puerto, que hablan de las fotografías de Sergio Larraín, realizadas en 1963. Esas fotografías fueron editadas por vez primera en 1991, a propósito del homenaje que le hicieron en el Festival de Arles. Y luego vino la exposición en el IVAM de Valencia, años más tarde. Esta vez, el libro sobre los relatos de esas fotografías, tiene el mismo título que la exposición de la serie: “Valparaíso”. Pero lo que recuperan es el papel que juega Sergio Larraín en la reproducción ampliada del imaginario porteño, en la actualidad.

No es casual que haya mencionado en las dos primeras entregas, la sujeción del festival “Danzalborde” a la lectura que desde el Parque hacemos desde la CORPORALIDAD, y lo que “Puerto de Ideas” instala a través de la circulación de la PALABRA. Este fue, realmente, un festival de la palabra. Ahora, lo que viene es un festival de la IMAGEN.

1/Nov/2011

En la edición de El Mercurio de Valparaíso del domingo 29 de octubre se divulgó una encuesta realizada por el Programa de Estudios Sociales de la PUCV, en la que se señala que la ciudadanía cree en un 68% que Valparaíso no cumple con el título de Patrimonio Mundial Unesco. Consultada la muestra 2011 por qué acciones deben ser realizadas para conservar el título, el 60 % de ésta respondió que “restaurar casas y edificios” y el 33% “remodelar espacios públicos”.

Independiente del valor que se le atribuya a la encuesta, ésta recoge una percepción colectiva acerca de los modos de cómo la ciudad puede y debe ser pensada. Entre las nociones de restauración y remodelación se invierte gran parte de la conceptualización sobre lo patrimonial en la ciudad, dejando abierta la perspectiva de qué pueden significar ambos conceptos respecto de la edificación y reproducción del imaginario porteño, como el “verdadero” patrimonio en juego. Es decir, lo derechamente patrimonializable no es la memoria de una ruinificación compleja y sus estrategias de gentrificación correspondientes, sino la construcción de una discursividad que ponga en escena el modo como los cuerpos resisten.

Este debate, cuyos antecedentes ya han hecho historia, sigue teniendo lugar en cada reunión sobre la recomposición cultural local. Por esta razón, el Parque Cultural Valparaíso, con el concurso del Centro de Estudios Patrimoniales de la Universidad de Plata Ancha y la producción ejecutiva de Puerto de Ideas, han resuelto realizar un encuentro fuera de programa, con Marc Augé, el jueves 3 de noviembre a las 18.00 hrs, en el propio Parque Cultural.

Resultaba paradojal que, el inventor de la noción de “no lugar”, estando en Valparaíso, no pudiese tener la ocasión de sostener un encuentro informal y directo con las comunidades que han ejercido un rol significativo en la expansión de las prácticas patrimoniales.

Resultaba paradojal que, el inventor de la noción de “no lugar”, estando en Valparaíso, no pudiese tener la ocasión de sostener un encuentro informal y directo con las comunidades que han ejercido un rol significativo en la expansión de las prácticas patrimoniales. Justamente, en nuestro caso, la experiencia del “no lugar” está ligada a fenómenos locales de gran movilidad impuestos por la demografía y la economía regional. Los centenares de miles de viajes cotidianos y las micro-migraciones asociadas empujan a los habitantes a reconstruir lugares transitorios a la medida de una resistencia singular que intenta, con dificultades, reparar la pérdida de los vínculos sociales. De este modo, el desafío local apunta a superar las condiciones de provisoriedad de las experiencias de recomposición y hacer pensable la ciudad de nuestros deseos.

Para terminar esta invitación, valga reproducir un párrafo, extraído de “Le sens des autres”. Actualité de l’ anthropologie, Fayard, 1994 (El sentido de los otros. Actualidad de la antropología): “Los problemas del espacio y de la alteridad pueden ser aclarados desde cada uno actuando sobre el otro, a partir de dos realidades espaciales contrastadas y complementarias: la del lugar, un lugar que he denominado lugar antropológico porque la identidad, las relaciones y la historia de aquellos que la habitan se inscriben en el espacio; la del no-lugar, entendiendo por ello los espacios de circulación, de distribución y de comunicación, donde ni la identidad, ni la relación, ni la historia se dejan aprehender y que me parecen específicos de la época contemporánea”.