La (des) memoria que nos habita

20/Sep/2016

Con un grupo de estudiantes de Periodismo asistimos al Parque Cultural de Valparaíso para problematizar en su historia. A medida que lo hacíamos, fuimos descubriéndonos en esos relatos de luz y de sombra que compartieron con nosotros Eliana Vidal y Alicia Zúñiga gracias a la coordinación Programa de Cultura, Memoria y Derechos Humanos.

Por: Boris González López

Eliana Vidal me mira con sus amplios y hermosos ojos a la espera que yo guarde silencio. Antes de hacerlo, previo a callar, le agradezco en nombre de todos los que asistimos a la visita guiada que realizamos el lunes 5 de septiembre de 2016 al Parque Cultural de Valparaíso. Mientras hablo, la califico a ella y a Alicia Zúñiga como “grandes mujeres”, queriendo representar, de algún modo, el reconocimiento que les deberemos a todas esas mujeres que desde diferentes organizaciones han trabajado por mantener viva la memoria y la defensa de los derechos humanos. En este caso, desde la Agrupación de Ex Presas y Presos Políticos de la V Región y la Comisión de Derechos Humanos de Valparaíso.

Cuando termino de agradecer, Eliana alza la voz para realizar un acto educativo que tiene un gran sentido. Quizás, el mayor aprendizaje que vivimos ese día. Me dice; nos dice que no se trata de identificar a una única mujer –individualmente- con esa idea de la “gran mujer”, sino que lo verdaderamente importante es reconocer el trabajo de todo un colectivo que en silencio, en paz o bajo el manto de la tiranía y la represión, ha tenido la suficiente valentía y coraje para preservar una memoria que nos constituye a todos y todas. Me hizo recordar también las palabras de Nadia Poblete, de La Huacha Feminista, cuando señalaba que un acto verdaderamente revolucionario para las mujeres es reunirse entre ellas, desde la profundidad y las historias que allí se tejen. Por fin entiendo el sentido detrás de una palabra muy poco familiar para los hombres, la sororidad.

Sentirse visita en casa

La estadía en el Parque Cultural de Valparaíso la fraguamos desde dos asignaturas de la carrera de Periodismo de la Universidad de Playa Ancha: Redacción Periodística II y Teoría de la Imagen. Con mi colega, Danilo Ahumada, hemos considerado tan fundamental como necesario involucrar a los futuros cientistas sociales en territorios móviles, todavía por descubrir, que esconden o muestran explícitamente señales de la violencia y desmemoria que vive una sociedad que parece estar en continuo tránsito ¿Hacia dónde vamos?

Intentar responder, desde uno de los caminos posibles, a esa pregunta mayor fue el propósito que vivimos con un grupo de 20 estudiantes, con quienes visitamos un Parque Cultural que durante casi 100 años fue la cárcel pública de Valparaíso ¿Qué historias transitan todavía por allí? ¿Cómo un lugar de encierro, de encarcelamiento, puede transformar en un escenario de arte y creación, que está en la antítesis del miedo, la tortura y el asesinato?

El Programa de Cultura, Memoria y Derechos Humanos del Parque Cultural de Valparaíso a cargo de Erick Fuentes -Consejero del Comité Nacional de Chile Memoria del Mundo (UNESCO) y Doctorando en Estudios Interdisciplinarios sobre Pensamiento, Cultura y Sociedad por la Universidad de Valparaíso-, nos aproxima a esas posibles respuestas. “Se ha reconocido institucionalmente la necesidad de comprender al Parque como un ‘sitio de memoria’, donde se han revisitado sus usos desde 1807 a la fecha para interpelarlo comunitariamente desde su pasado reciente como Cárcel Pública de Valparaíso, comprendiéndolo entonces como un recinto carcelario utilizado para ejecutar el terrorismo de Estado en la región por parte de la última dictadura cívico-militar en Chile (1973-1989)”.

En ese sentido afirma que “recorrer, sentir y narrarlo desde dirigentas de agrupaciones de Derechos Humanos de la región junto a estudiantes universitarios y futuros profesionales del país, es desarrollar una práctica integral de ‘reparación’ basada en un espacio biográfico y de diálogo de saberes, puesto que se habilita, en definitiva, un proceso de transmisión de memorias y educación en derechos humanos que despliega narrativas para que los jóvenes pueden acrecentar su disponibilidad de experiencia social compartida, fortaleciendo agencias para incidir en el desarrollo democrático de nuestra sociedad contemporánea”.

Apropiarnos de estos lugares que forman parte de la memoria que nos habita es tarea fundamental. Dejar de mirar desde la lejanía para volver a un escenario que también es nuestra casa. Eliana Vidal y Alicia Zúñiga fueron las voces que nos acercaron a ese hogar de luces y sombras. Alicia, por ejemplo, recordó su habitar en un cerro vecino al Parque, desde donde era posible observar la vida de los “internos” en los patios, escucharlos en esas existencias contenidas.

Era la vida reclamando libertad, aunque fuese sonoramente. Recuerda también que el lugar donde nos sentamos circularmente a conversar se le conocía como el Patio de Los Tormentos, por su estratégica ubicación que permitía a los uniformados “corregir” cualquier acción contraria a la autoridad predominante. Esa misma autoridad militar que la persiguió siendo muy joven, con 18 años, para torturarla, encarcelarla y llevarla a enfrentar un tribunal de guerra únicamente por creer que es posible vivir de otro modo.

En Eliana y Alicia perviven miles de memorias que hacen de la historia reciente de Chile un lugar al que necesariamente debemos volver una y otra vez para mirarnos, para no sentirnos extranjeros en nuestra propia casa. Y esa labor, para quienes trabajamos desde la historia cotidiana, de todos los días, es fundamental y único gran argumento respecto a nuestra razón de ser. No hay más.

Fotografías: Fernanda Guerrero y Alejandro Rojas.

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