«Cielo»

Concierto fantasía para tres bailarinas, piano solista, marimba y cuerdas.

 

Ensamble Ex Corde PUCV y compañía de danza estrenarán obra de compositor local

 

El domingo 25 de agosto se efectuará el estreno de la obra “Cielo”, compuesta por el alumno del Postítulo en Composición de la PUCV, Rodrigo Silva, la que en palabras de su autor es una fantasía musical “minimalista” escrita para Piano, Percusión y Cuerdas, donde la música propone un vuelo por el firmamento durante la noche, “momento en el que emanan las magias del cielo, el viento, los colores y la visión de la tierra en suspensión, entre muchas otras, dibujadas por los distintos instrumentos”, señala Silva.

 

El montaje estará a cargo de la Compañía Instantes, integrada por las bailarinas Louise Cazy, Natalia Balut e Ingrid Ramírez junto a Carlos Caamaño (Piano), Nicolás Moreno (Marimba) y el Ensamble Ex Corde PUCV, bajo la dirección del académico del Instituto de Música de la PUCV y compositor Boris Alvarado. El estreno se efectuará a las 19 horas en el Parque Cultural de Valparaíso (Calle Cárcel 471, Cerro Cárcel, Valparaíso), con entrada liberada.

 

Sobre la composición de esta obra pensada para tres bailarinas, piano solista, marimba y cuerdas, Silva agrega que “Cielo” se originó en primera instancia como un “Divertimento para Piano y Sintetizadores”, pero siempre teniendo como inspiración o imagen sonora, el acto de mirar el cielo. “Y estar en él como una suerte de ente volador, como divertimento en cada parte de la obra, que encierra distintos estados por ejemplo la creación de la noche, el volar en el cielo, el viento en éste, etc. Después y como parte del constante apoyo de Boris Alvarado, construimos una versión para piano, marimba y orquesta de cuerdas”, indicó.

 

“Cielo” cuenta con nueve movimientos: Introducción, Vértigo, Anuncio, Noche, Francosoñador, Viento, Aboreal, Señal y Descenso. “La obra comienza con una introducción que mezcla armonías a través de las cuerdas las cuales empiezan a formar el cielo nocturno, con los últimos destellos del sol, un crepúsculo con un sinnúmero de colores comienza a formarse, mientras aparecen las primeras estrellas representadas por el piano”, agregó Silva.

 

Las ráfagas de viento, una música de influencia oriental y la incertidumbre que existe antes de iniciar un viaje son algunos de los elementos que se aprecian a lo largo de la obra.

 

 

 

CÓMO AUNAR LA MÚSICA Y LA DANZA

 

Sobre lo novedoso que tiene esta obra a la hora de integrar la música y la danza, la directora de la Compañía Instantes, Louise Cazy indicó que “en esta muestra, nos inspiramos en Isadora Duncan quien siempre buscó ‘bailar’ el alma de la música. En esta obra, no queremos que la danza sea un acompañante de la música, sino que nos lleve a la música, como un instrumento más del grupo instrumental, donde la danza dará vida y cuerpo a la obra”. Oriunda de Francia, Louise se instaló en Chile en 2009 y cuenta con un Diplomado en Patrimonio, Comunidad y Cultura Local.

 

Sobre los desafíos que representó aunar la danza con la música, el Dr. Boris Alvarado señaló que “como siempre las llamadas interdisciplinas requieren mucha coordinación escénica y conceptual. Se trata de precisión en la ejecución pero no sólo en su técnica sino en su reflexión como dos expresiones (…) Se trata de plasmar los conceptos de la obra y que éstos puedan interactuar para los músicos y las bailarinas en un vuelo contemporáneo, actualizado y en busca de la unicidad”, indicó.

 

Finalmente, Cazy precisó que “las bailarinas deben ser parte integrante de la orquesta. Ahí es donde empieza una etapa delicada donde las bailarinas deben entender la música al igual que los músicos, con el afán de construir un cuerpo danzante”.

 

¿Por qué se optó por juntar ambas disciplinas? El autor Rodrigo Silva indicó que una vez terminada la obra original, con su profesor Boris Alvarado, vio que la creación tenía un carácter narrativo. En el fondo contenía una representación de manera musical. “Entonces, la idea fue poder llevarla a cabo junto con otra rama artística, lo que fue una decisión de coherencia en el sentido sonoro de la pieza. Pensamos el fluir del cuerpo y en la danza, en donde el movimiento en tanto belleza del cuerpo debía estar presente”, concluyó.

 

 



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